Antes de nada, tengo que manifestar que los jóvenes de
hoy en día estamos hartos de escuchar como nuestros padres, tutores, familiares
etc. nos recriminan a todas horas, que no valoramos lo que tenemos y que
tenemos muchísima suerte de vivir en esta época donde lo tenemos todo, cosa que
ellos no tuvieron durante su juventud y bla bla bla. Pero, aita, ama, ¡los
tiempos cambian!, y la sociedad va evolucionando y desarrollando; lo que para
vosotros era un privilegio, como por ejemplo tener televisión, para nosotros es
algo tan normal que como cuando llueve y sale el sol se forme el arcoíris.
Aunque es cierto que el mundo va a cambiando y se va
adaptando a las nuevas tecnologías y al desarrollo de la sociedad, los jóvenes
de hoy en día vivimos protegidos por una especie de burbuja o fuerza protectora
ejercida por nuestros padres en la que la vida nos viene hecha por ellos.
Siempre que tenemos un problema nos dirigimos a ellos con tal de que nos digan
lo que debemos hacer, o que directamente nos la resuelvan ellos. Ante una
indecisión, problema, conflicto… acudimos a ellos en busca de ayuda, ya que, de
tan poco ponerla en práctica, nos supone demasiado trabajo pensar por nosotros
mismos.
De ese pasotismo a pensar, surge, lo que en mi opinión es,
el gran problema de los jóvenes de hoy en día; el aburrimiento.
Como no pensamos, nos aburrimos, y la no sabemos
aburrirnos. Como vía de escape de esta sensación que amenaza con desestabilizar
la vida de los adolescentes, buscamos placeres inmediatos que no requieren
ningún tipo de esfuerzo, en concreto, que no necesiten pensar. Así es como tienen
tanto éxito entre los jóvenes las videoconsolas, las revistas de corazón, de
moda, de deporte, los “reality shows”,
los programas de cotilleo, las redes sociales y junto a estas los famosos “influencers”, y otros muchos
entretenimientos fáciles de consumir, todos ellos superficiales y sin contenido
formativo o educativo y que inculquen a pensar por nosotros mismos.
La realidad es que, para muchos adolescentes, la
televisión ejerce una influencia manipuladora enorme. Además en la actualidad
las redes sociales se suman a la televisión y provocan el aislamiento del
adolescente.
La industria del entretenimiento y la diversión,
principalmente los medios de comunicación, hacen que, en una mente poco
crítica, bastante conformista y manipulable, se formen ideas erróneas e
inadecuadas acerca de los valores importantes de la vida, ya que dan
importancia a cosas superficiales y
frívolas, y esto conlleva a que nuestra parte del cerebro destinada a pensar
entre en una situación de “Off” o “stand by”.
Pero esto no acaba aquí, sino que va más allá. Ante este
mundo frívolo y superficial, donde no se incita a pensar pon nosotros mismos, y
lo más importante es ser guapo, estar delgado, vestir bien (o como todo el
mundo lo hace), salir de fiesta, conocer mucha gente, hacer lo que todo el
mundo hace para ser normal, y tener muchos “likes”
en las redes sociales, a muchos adolescentes se les nubla el pensamiento y caen
victimas de cánones de belleza insanos e valores sobre la vida misma.
Es así como cada vez es mayor el número de adolescentes
con trastornos alimenticios, que se niegan a comer porque quieren tener un
cuerpo 10, como esas modelos tan famosas y reclamadas por el público que
aparecen en la televisión y tienen tanto éxito entre las chicas de nuestra
edad. Y es que otra idea errónea que nos transmiten los medios de comunicación
es que nuestra imagen es el reflejo del éxito. Lo que quiero decir con esto, es
que, los medios de comunicación, transmiten, a veces subconscientemente, que el
éxito de una persona está ligada a su imagen. Si te pones a pensar, ninguna
modelo de “elite” o supermodelo tiene unos kilitos de más, al igual que en los “reality shows”, o programas del estilo
como mujeres hombres y viceversa, los
que más éxito o popularidad tienen y mas fans acaparan, son los más guapos y
con cuerpos esculturales de gimnasio.
Con esto no quiero dar a entender que no esté a favor de
cuidar tu imagen, sí que lo estoy, pero dentro de unos límites saludables, y
tanto la obsesión por la delgadez extrema como la obsesión por el culturismo
son en mi opinión, enfermizos y nada saludables.
Por eso creo yo, que debemos aprender a ser críticos, a
cuestionar las cosas, a no conformarnos con lo que nos dicen, leemos por ahí o
vemos en los medios de comunicación y redes sociales, en definitiva, debemos
pensar por nosotros mismos. Es así como no caeremos víctimas de las modas y cánones
que nos imponen los demás, y desarrollaremos nuestra propia opinión dando
sentido a nuestra vida y siendo protagonistas de la misma.
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