La
especie humana destaca, además de por su inteligencia, por ser seres emocionales; experimentamos cada día, diferentes sentimientos
casi sin darnos cuenta: alegría, aburrimiento, tristeza, arrepentimiento, amor,
celos, culpa, enojo, ira, miedo, odio, rencor etc.
Los
sentimientos y las emociones son irracionales, y en su mayoría, incontrolables.
Las reacciones que tenemos ante un acontecimiento concreto, tiene que ver con
la personalidad de cada uno, es decir, con la capacidad que tiene cada persona
para controlar sus emociones y en cómo le afectan tales.
Es
interesante, en este punto, hablar de un tema que a veces no parece que lo
tengamos claro, concretamente del perdón y del olvido. La mayoría de la gente
emplea la expresión “perdono pero no olvido” dando la sensación de que al decir
tal frase, la persona que lo dice va a guardar
rencor y/u odio, e incluso que se va a intentar vengar.
Pero
perdonar no es sinónimo de olvidar. Olvidar implica borrar un registro en la memoria, coger una goma de
borrar, buscar un recuerdo en el cerebro y eliminarlo, y esto evidentemente, no
es posible así sin más. Podemos perdonar
realmente pero sin olvidar. Olvidar, al igual que las emociones, es
incontrolable, y no depende de nosotros, mientras que perdonar sí que es un
acto voluntario. Y a diferencia de lo que piensa mucha gente, el perdón
no es incompatible con el olvido.
Perdonar
desde el fondo del corazón, perdonar de verdad, es esencial para que no haya ni
resentimientos, ni odios ni venganzas. El perdón hace posible seguir viviendo
normalmente con los demás, y no solo esto, sino que también hace posible
reanudar los vínculos perdidos, recuperar el equilibrio y harmonía, y restaurar
la paz.
En perdón no quiere decir que olvidemos lo que ha
sucedido, o lo que nos han hecho. Conviene recordar, para no volver a cometer
el mismo error. Por lo tanto, si perdonamos, no debemos guardar ningún tipo de
rencor u odio, pero tampoco es recomendable olvidar y actuar como si nada
hubiese ocurrido.
Muchos no olvidan ni perdonan
y viven durante toda sus vidas atormentados; atados a los sucesos del pasado
aunque sean conscientes de que el pasado pasado es, que este no vuelve y que
nada se puede cambiar.
A veces, cuando alguien nos
traiciona, nos defrauda o nos hiere, tendemos a dramatizar y generalizar; por
ejemplo, si una amiga que conocemos de toda la vida nos hace un daño puntual,
la tachamos como “peor amiga del mundo”, y aunque luego la perdonemos, la
criticamos, señalamos y recriminamos lo que nos hizo durante el resto de
nuestra vida. Por otro lado, también tendemos a pensar que el perdón conduce a
la reconciliación con el que nos ha causado el daño, pensamos que perdonar nos
obliga a ser amigos de quienes nos traicionaron. Pero el perdón no trata ni de
amigos ni enemigos, simplemente sirve para uno mismo, es más, el perdón se basa
en la aceptación propia de lo que paso o ha pasado. Por lo tanto, si
perdonamos, debemos hacerlos sin ningún tipo de expectativas, es decir, sin
esperar nada del agresor, ya que si esperamos a que este acepte su error o nos
compense por el daño causado, estaremos esperando en vano y gastando nuestro
tiempo y nuestras energías en una disculpa o compensación que nunca
llegará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario